Dani y yo quedamos en el metro de Puerta del Ángel con Nando y con otro amigo suyo para ir a La Riviera a ver en concierto a The Sounds, que en estos meses se encuentra de gira mundial presentando su tercer y último álbum, “Crussing the Rubicon”, que ya comenté en su momento aquí. Antes fuimos a tomar algo a un bar que nos había recomendado con muy buen gusto nuestra nueva amiga Lunares, que al final no pudo venir con nosotros. Por sólo dos euros pedías una bebida que podías acompañar con todas las tapas que quisieras, así que estuvimos allí poniéndonos finos durante un rato y amortizando al máximo esos dos euros.
Entramos en La Riviera pasadas las 20.30 horas de la tarde. En ese momento ya estaban tocando los teloneros, un grupo completamente desconocido pero que no sonaban nada mal. Hicieron una versión del “The final countdown” de Europe que fue muy bien recibida por el público. Terminaron prontito y en seguida los técnicos comenzaron a preparar el escenario para los Sounds.
Apenas unos minutos después de la hora prevista se apagaron las luces y comenzaron a sonar los primeros acordes de “Crossing the Rubicon”, tema predominantemente instrumental del último trabajo de la banda sueca, mientras que se situaban los distintos miembros del grupo. Tras la pequeña introducción irrumpió en el escenario cual auténtica estrella la flamante Maja Ivarsson, vocalista y alma de The Sounds para cantar el hitazo “Queen of apologies”, una de las canciones más conocidas del anterior álbum del grupo. Tras saludar amablemente al público, recuperó dos de las primeras canciones de la banda, “Seven days a week” y “Hit me!” haciendo que La Riviera, que no estaba llena del todo pero casi, por poco se viniese abajo ante tal derroche de energía, y eso que solo era el comienzo. Se sucedieron éxito tras éxito que no dejaban al público ni un segundo de descanso, y es que es muy difícil resistirse a la potencia que desprenden temas como “No one sleep when I’m awake”, “Hurt you” o “Four songs & a fight”.
Hacia la mitad del concierto el grupo disminuyó el ritmo para dedicar unos minutos a las baladas, que también se le dan muy, pero que muy bien a The Sounds. Tocaron en esta parte “Midnight Sun” y una de las canciones más redondas del último disco, “Home is where the heart is”, que enlazaron perfectamente con otra del anterior álbum, “Night after night”. Tras este breve momento dedicado a las canciones lentas se desató la locura con algunas de las mejores canciones del grupo, tanto de las nuevas (“Dorchester Hotel” , “Beatbox” y sobre todo “My lover”, mi favorita del último disco) como de los éxitos antiguos (“Painted by numbers” , “Ego” , “Rock n roll” o ese gran himno que es “Living in America”). Dani y yo estábamos extasiados ante tal derroche de temazos y ante las tablas que demostró tener Maja. Su manera de cantar (perfectamente en todo momento), de bailar, de interpretar o de moverse por el escenario hacen de ella una auténtica estrella, es como si Debbie Harry se hubiese reencarnado en ella.
Después de una hora y cuarto, el concierto fue llegando a su fin. Por suerte, en los bises dejaron tres auténticas joyitas. La primera de ellas fue “Tony the beat”, canción que en los últimos años hemos bailado hasta la saciedad y que también en su momento pinché muchísimo; “Song with a mission” fue el segundo bis que hicieron antes de que Maja se despidiese del público preguntando si habíamos sido felices durante esa noche. La respuesta, por supuesto, fue un sí rotundo, y como premio, como era evidente, cerraron con “Hope you’re happy now”, dejando a todo el mundo con un inmejorable sabor de boca.
Tras el concierto, Dani y yo compramos en el puesto de merchandising sendas camisetas muy chulas y Nando una chapita. Nando y su amigo se fueron a tomar algo, creo recordar y Dani y yo tiramos para nuestros pueblos. Él porque hoy se iba de viaje a Italia para ver a Placebo y yo porque tengo muchas cosas que hacer de la Universidad y tenía que aprovechar el fin de semana para adelantar trabajos. Ay, la vida de estudiante…
Entramos en La Riviera pasadas las 20.30 horas de la tarde. En ese momento ya estaban tocando los teloneros, un grupo completamente desconocido pero que no sonaban nada mal. Hicieron una versión del “The final countdown” de Europe que fue muy bien recibida por el público. Terminaron prontito y en seguida los técnicos comenzaron a preparar el escenario para los Sounds.
Apenas unos minutos después de la hora prevista se apagaron las luces y comenzaron a sonar los primeros acordes de “Crossing the Rubicon”, tema predominantemente instrumental del último trabajo de la banda sueca, mientras que se situaban los distintos miembros del grupo. Tras la pequeña introducción irrumpió en el escenario cual auténtica estrella la flamante Maja Ivarsson, vocalista y alma de The Sounds para cantar el hitazo “Queen of apologies”, una de las canciones más conocidas del anterior álbum del grupo. Tras saludar amablemente al público, recuperó dos de las primeras canciones de la banda, “Seven days a week” y “Hit me!” haciendo que La Riviera, que no estaba llena del todo pero casi, por poco se viniese abajo ante tal derroche de energía, y eso que solo era el comienzo. Se sucedieron éxito tras éxito que no dejaban al público ni un segundo de descanso, y es que es muy difícil resistirse a la potencia que desprenden temas como “No one sleep when I’m awake”, “Hurt you” o “Four songs & a fight”.
Hacia la mitad del concierto el grupo disminuyó el ritmo para dedicar unos minutos a las baladas, que también se le dan muy, pero que muy bien a The Sounds. Tocaron en esta parte “Midnight Sun” y una de las canciones más redondas del último disco, “Home is where the heart is”, que enlazaron perfectamente con otra del anterior álbum, “Night after night”. Tras este breve momento dedicado a las canciones lentas se desató la locura con algunas de las mejores canciones del grupo, tanto de las nuevas (“Dorchester Hotel” , “Beatbox” y sobre todo “My lover”, mi favorita del último disco) como de los éxitos antiguos (“Painted by numbers” , “Ego” , “Rock n roll” o ese gran himno que es “Living in America”). Dani y yo estábamos extasiados ante tal derroche de temazos y ante las tablas que demostró tener Maja. Su manera de cantar (perfectamente en todo momento), de bailar, de interpretar o de moverse por el escenario hacen de ella una auténtica estrella, es como si Debbie Harry se hubiese reencarnado en ella.
Después de una hora y cuarto, el concierto fue llegando a su fin. Por suerte, en los bises dejaron tres auténticas joyitas. La primera de ellas fue “Tony the beat”, canción que en los últimos años hemos bailado hasta la saciedad y que también en su momento pinché muchísimo; “Song with a mission” fue el segundo bis que hicieron antes de que Maja se despidiese del público preguntando si habíamos sido felices durante esa noche. La respuesta, por supuesto, fue un sí rotundo, y como premio, como era evidente, cerraron con “Hope you’re happy now”, dejando a todo el mundo con un inmejorable sabor de boca.
Tras el concierto, Dani y yo compramos en el puesto de merchandising sendas camisetas muy chulas y Nando una chapita. Nando y su amigo se fueron a tomar algo, creo recordar y Dani y yo tiramos para nuestros pueblos. Él porque hoy se iba de viaje a Italia para ver a Placebo y yo porque tengo muchas cosas que hacer de la Universidad y tenía que aprovechar el fin de semana para adelantar trabajos. Ay, la vida de estudiante…
















